Cómo el ritmo del cosmos influencia los genes

Imagínate que eres una persona escéptica y no crees en la astrología. Imagínate que, para intentar desmentir los argumentos de todas esas personas que creen ciegamente en ella y que te ponen tan nervioso, decides estudiarla en profundidad. Imagínate que, en ese proceso, descubres que hay demasiadas historias que simplemente, parecen fluir para converger en lo que calificaríamos como casualidades. Todo es tan cerrado, tan perfecto, tan desarrollado, que te empiezas a plantear si podría tener algo de razón de ser.

Somos personas únicas e irrepetibles, siempre diferentes en mayor o menor medida del resto de personas. Sea por carácter o sea por temperamento, ninguna persona que exista ahora mismo o que haya existido en algún momento parece ser exactamente igual que otra. Por otro lado, el cosmos está en constante movimiento, porque todo vive porque se mueve. ¿Y si estos dos hechos no fueran algo aislado, y tuvieran una relación de causalidad entre ellos?

Pudiera ser que la base de la astrología que estamos acostumbrados a oír sea la posición exacta de los planetas en el momento en el que naces, de alguna manera pasando por alto el momento en el que fuiste concebido (a lo mejor llamamos X signo a lo que de verdad correspondería con Y signo). Pudiera ser que esa no fuera la base científico-cósmica de la astrología.

El universo está en constante cambio, esa es la ley principal que permite su existencia para nuestros sentidos. Si sus partículas no reaccionaran a estímulos (lumínicos, vibracionales…) no podríamos observarlo o ser conscientes de ello (¿es por eso por lo que no logramos comprender del todo la materia oscura, porque no está regida bajo la ley fundamental del cambio?). Como todo lo que podemos conocer fuera del ámbito teórico se mueve a la vez, cada cosa a su ritmo, es natural suponer que puede hacerlo armónica o disarmónicamente. Es natural suponer también que todo movimiento tiene el potencial de afectar al de al lado, y por tanto de tener algo que decir en distancias extremadamente grandes.

Porque no hay un movimiento o cambio de movimiento sin el de al lado podríamos definir (de una manera bastante reduccionista) al universo como una gran masa de cambios. Pero es importante ser conscientes de que, probablemente, no existan muchos cambios pequeños que coexistan en un gran espacio y se peleen entre ellos, sino un lenguaje universal en el que cada pequeño movimiento se sume/reste/multiplique/divide a todos los demás, para formar un solo movimiento (concepto de armonía total, que puede incluir disarmonías en sí mismo).

He ahí una posible base científica para la astrología, ya que si ocurren unos ciertos movimientos prevalentes (planetarios, por ejemplo) de manera cíclica, que sugieren un cierto ritmo del universo más próximo a nosotros, no es una locura suponer que una onda afecte a otra onda y los genes se acaben desarrollando bajo unas condiciones específicamente diseñadas por ese ritmo.

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