La necesidad de hacerlo todo

No estoy segura de si es cosa únicamente de la gente de mi quinta, que estamos entrando en unas edades cruciales en nuestro proceso de crecimiento personal, o si soy sólo yo que tengo la necesidad desde hace más tiempo del que me gustaría, de hacerlo todo.

No, no me vale con parte, tiene que ser todo. ¿Perfeccionismo crónico y utópico? ¿Un calzador para poder entrar en el molde de ser suficiente, cuando no sientes que lo eres? Sea como sea, es algo que es necesario gestionar. Es muy fácil caer en la dinámica de lo que aparentemente deberíamos estar haciendo. De intentar crear una realidad a nuestra imagen y semejanza. De tener todo organizado para poder saber qué estamos haciendo.

Es muy fácil caer en lo contrario también. En la generalización de una ruptura del molde que es sólo tuya. En creer que sólo se puede tomar un camino de pensamiento «out of the box», porque sólo conoces en frecuencia diaria uno de esos miles de caminos. Séase el tuyo.

En mi proceso a lo largo de los años he roto con más percepciones y mitos socioculturales de los que puedo contar de memoria. ¿Qué es lo que pasa cuando sales a un mundo sin líneas a buscar tu verdad? Que tienes que crear las líneas por las que moverte. ¿Qué es lo que pasa cuando nadie a tu alrededor está, por lo menos en la superficie que puedes observar, haciendo algo parecido? Que no sólo rompes todas las pizarras que te han enseñado a escribir además de fabricar unas nuevas sin tener ni idea de cómo hacerlo, sino que todo eso está mal. Porque de repente y anárquicamente, vas en contra de todo. Porque el refuerzo de la vía neuronal que te dice que lo único que te pasa es que eres muy raro y anadaptativo (palabra creada siguiendo el ejemplo de Shakespeare) es casi constante.

Espera, que se me olvida la mejor parte. Una con la que mucha gente se sentirá identificada. La culpabilidad. ¿Por qué? Por no haberte dado cuenta antes de algo que ahora, visto en retrospectiva, parece obvio. Por no haber ido más rápido. Por haber perdido tanto tiempo. Por no ser capaz de hacerlo todo en este momento.

Mi perspectiva últimamente es bastante monotema. Creo que mi cerebro ha desarrollado una especie de trauma de memorización, tras tantos años de no saber cómo narices pensar para hacer que esa maquinita de ahí arriba funcione. Todo el proceso comentado anteriormente, por si no fuera suficiente por sí solo, está envuelto en mantas de cansancio emocional, inseguridad y vías por las que estás acostumbrado a andar, que ya no se corresponden con quien eres.

Las agendas diarias que planifican lo que tienes que hacer en ese día (o lo que quieres hacer) se me hacen tan bola que a los tres días las acabo destruyendo. Las «bucket lists» de cosas que se supone que te gustan hacen que mi motivación y funcionamiento interno se bloqueen. El hacer algo por el hecho de tenerlo apuntado rompe como si fuera un martillo sobre vidrio las ganas genuinas de hacerlo, aunque sea algo que me apetezca desde hace tiempo.

No. Las planificaciones no sirven para todo el mundo. La consistencia no es para todas las mentes. Y qué putada cuando tienes las miras tan altas, que la manera más eficiente para que no se te olvide nada importante parece ser esa que te está sumergiendo en un barro profundo.

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